• img
Una mirada antropológica sobre el trabajo infantil

Reflexionar antropológicamente sobre el trabajo infantil, implica abandonar los prejuicios que condenan a los sectores excluidos del sistema.

Como todo fenómeno social, el trabajo infantil es un fenómeno complejo, cuya explicación depende de un conjunto de variables. Para mostrar la gravedad y extensión de este problema, el escritor uruguayo Eduardo Galeano cita un documento redactado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

El documento que este organismo redactó en 1997, luego de reconocer el alto porcentaje de niños y niñas que en todo el mundo realizan trabajos en la economía familiar o en el sector informal de la economía globalizada, describe el siguiente cuadro de situación:

“…En los basurales de la ciudad de México, Manila o Lagos, juntan vidrios, latas y papeles y disputan los restos de comida con los buitres; se sumergen en el mar de Java buscando perlas; persiguen diamantes en las minas del Congo; son topos en los socavones de las minas en el Perú; cosechan café en Colombia y en Tanzania se envenenan con pesticidas (…) cosen pelotas de fútbol en Pakistán; alquilados por sus padres, tejen alfombras en Irán, Nepal y en la India, desde antes del amanecer hasta pasada la medianoche, y cuando alguien llega a rescatarlos preguntan: ¿es usted mi nuevo amo?; vendidos por cien dólares por sus padres se ofrecen en Sudán y Sri Lanka para labores sexuales, la prostitución es el temprano destino de muchas niñas y niños en el mundo entero…” (cit. por Galeano, E., 2006: 14 – 16).

“En Tanzania se envenenan con pesticidas”, asegura el documento redactado por UNICEF. Sin embargo, no hay que irse tan lejos para comprobar que aquí, en la República Argentina, “el país de la soja”, viene ocurriendo exactamente lo mismo.

En efecto, durante el segundo semestre de 2006, se registró la presencia de “niños banderilleros” trabajando en la zona rural de Las Petacas, localidad ubicada en el departamento San Martín de la provincia de Santa Fe. Se trata de chicos de entre ocho y doce años, que van marcando con banderas los campos de soja para que sean correctamente visualizados por las avionetas fumigadoras.  Otro dato para nada menor, y que causa aún una mayor indignación, es que estos niños trabajan sin ningún tipo de protección.

Lo metodológico en antropología

Hablar de lo metodológico en antropología, es al mismo tiempo una manera de definir una posición frente a la problemática del trabajo infantil. La etnografía es, en este sentido, el rasgo distintivo que define a cualquier trabajo de campo antropológico que se precie de tal. Fue Bronislaw Malinowski, quien en la década de los años ’20 comenzó a delinear este método cuando realizaba su trabajo de campo en las islas Trobriand.

Dicha metodología puede definirse de la siguiente manera: el antropólogo se inserta en la comunidad que pretende estudiar, convive en el poblado un largo período de tiempo, aprende su idioma, sus usos y costumbres, participa activamente de sus fiestas y ceremonias, y así comienza  a ver las cosas según la perspectiva de esa comunidad.

Esta mirada representó un quiebre muy importante respecto de la metodología que se usaba en el siglo XIX. En efecto, la escuela evolucionista extraía sus datos de los relatos escritos por misioneros y administradores coloniales; visión ésta última, francamente etnocentrista y siempre coloreada por los prejuicios de las clases dominantes de los países industrializados.

La etnografía y su relación con el “subjetivismo” en Ciencias Sociales

En Ciencias Sociales existen dos grandes tradiciones epistemológicas que luego definirán su método de investigación:

  • El objetivismo (explicar o ver desde afuera)
  • El subjetivismo (comprender o ver desde adentro)

En cierto modo, la etnografía se articula con la última.

Como reza un viejo axioma popular, “las cosas son de acuerdo al cristal con el que se las mire”. Este es un registro que voluntarios y profesionales de ONGs y de organismos públicos que realizan su trabajo en barriadas populares comprueban a diario: el trabajo infantil al estar naturalizado no es percibido como algo malo.

La “pobreza estructural” y su incidencia sobre el trabajo infantil

Ahora bien: ¿quiénes son las familias que aceptan el trabajo infantil como algo natural?

Para no caer en el prejuicio que consiste en afirmar que “los pobres son culpables de la pobreza”, es justo reconocer que se trata de familias excluidas y sumergidas históricamente en una situación de “pobreza estructural”.

Desde luego, que es atentatorio contra sus derechos que un niño se vea en la obligación de salir a trabajar, pero sería injusto responsabilizar de manera exclusiva a los miembros adultos de su familia, cuando no existe ni voluntad, ni capacidad política para modificar la “pobreza estructural” que es la que multiplica todos los síntomas que algunas organizaciones civiles de manera ingenua pretender erradicar; entre estos síntomas, cabe destacar: la deserción del sistema educativo y el trabajo infantil.

De más está decir que al adoptar la etnografía como metodología de trabajo, no implica aceptar todo lo que la comunidad realice, simplemente nos permite evitar caer en prejuicios etnocentristas que justifican actitudes de menosprecio y discriminación hacia grupos que no son responsables de situaciones que no han elegido ni creado.

En este punto, me gustaría recordar al antropólogo chileno David Carlos Piña: “…Entre los sectores que sufren un agudo retraso social, es razonable que en circunstancias relativamente normales, sean las actividades destinadas a su sobrevivencia cotidiana las que ocupen la mayor cantidad de su tiempo y esfuerzo…”  (Piña, D., 1984: 21).

Una mirada antropológica que privilegie la empatía y la comprensión, sabe que el rasgo fundamental que marca a fuego la vida cotidiana de las clases populares es la lucha por la sobrevivencia. En contextos de exclusión, el trabajo infantil debe entenderse, entonces, como una estrategia de sobrevivencia. Ningún estudio serio acerca de esta problemática, puede escamotear esta realidad. Olvidar esto, sería olvidar demasiado.

(Artículo publicado originalmente en suite101.net el 12 de julio de 2010)

 

Bibliografía consultada

Galeano, Eduardo. “Patas arriba, la escuela del mundo al revés”, editorial Catálogos, Bs. As, Argentina, 2006.

Panoff, Michel. “Malinowski y la antropología”, editorial Labor, Barcelona, España, 1974.

Piña, David Carlos. “Lo popular: notas sobre la identidad cultural de las clases subalternas” (mimeo), ponencia presentada en el Primer Simposio de Antropología Urbana, organizado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), 20 de junio de 1984, Bs. As., Argentina.

Rey Mendez, María del Pilar y otros. “Por una niñez sin trabajo infantil”, editorial Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, Bs. As., Argentina, 2005.

Comparte esto:
Sobre el autor
Omar Ferretti
  • Sígueme!
Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

No hay comentarios hasta ahora!

Deja tu comentario

happy wheels