• img
Presencia de las religiones africanas en América Latina

La supervivencia y vitalidad de los cultos africanos en América Latina, debe entenderse como una manifestación notable de religiosidad popular.

Los primeros grupos en ser transplantados a la América Latina para servir como mano de obra esclava hacia finales del siglo XVII y principios del XVIII, pertenecían principalmente a las etnias “yoruba”, “jejé”, “ewe”, “fon” y “nagó”.

Provenientes del continente africano, su gente ocupaba los actuales territorios de Mauritania, Senegal, Mali, Burkina Faso, Guinea, Benin y Nigeria. Dicha diáspora se vio forzada no solamente a trabajar en las plantaciones de azúcar y café, sino también a aceptar la evangelización cristiana que trataba de imponer el grupo dominante.

Religiones de posesión

Desde un punto de vista antropológico los cultos del África negra pueden ser definidos como “religiones de posesión”. En estas, la posesión o el trance se convierten en el mecanismo habitual por el cual las divinidades de su panteón religioso –“orixás”, “vodús” o “loas”- entran en contacto con los fieles.

“Damballah – Wedö” (dios serpiente), “Xangó” (dios del rayo), “Oggum” (dios del hierro y de la guerra), “Iemanjá” (diosa de los mares y de la fecundidad), “Exú” o “Legba” (dios del fuego); como vemos, estas divinidades representan en su gran mayoría a las fuerzas de la naturaleza. Se trata también –y en este sentido, se los podría comparar con los dioses del olimpo griego-, de espíritus antropomorfizados; es decir, divinidades que comparten con el hombre mucho de su carácter y temperamento.

El proceder de los orixás, vodús o loas

Para la cosmovisión africana, la dualidad cristiana presentada como una lucha entre el bien y el mal –Cristo Vs. el Anticristo- para establecer una supremacía sobre la Tierra, no tiene cabida.

Se puede afirmar que estos orixás o loas son, en cierta medida, “amorales”. En efecto, no le exigen a sus devotos una “conducta ejemplar”, ni la prosecución de una moral “santa y recta”. Así, el jugador compulsivo no invoca a estas divinidades para cambiar de vida, sino para acertar algún número. Por otra parte, dichas epifanías son capaces de hacer el bien, pero también el mal. De hecho, se los puede invocar tanto para curar a un enfermo como para causarle su muerte.

Oxalá, el creador de los creadores de los hombres

Según un mito de la creación perteneciente al grupo lingüístico “yoruba”, la Tierra y el Cielo se habían separado. “Oloddumare” (Dios Supremo) preocupado por esta situación, llama a su hijo de nombre Oxalá y le entrega las fuerzas de la naturaleza y los elementos constitutivos del universo: el fuego, el agua, los buzios o cauris –caracoles de adivinación-, las nubes, el rayo, las tempestades, etc.

Oxalá que es, a la sazón, el primer orixá, crea a los otros orixás y le confiere a cada uno un elemento. Así es como fue creado el mundo. Estos orixás serán los encargados, a su vez, de crear a los hombres. Desde entonces, estas epifanías descienden periódicamente en las personas iniciadas a su servicio. Oloddumare nunca se manifiesta en los hombres, solamente lo hacen los orixás, incluyendo a Oxalá, que es el creador de los creadores de los hombres.

La razón de ser del hombre sobre la Tierra

Dichas epifanías se manifiestan a través de los hombres y hablan por boca de ellos. En este sentido, la función que cumple el ser humano es la de mantener la vida en la Tierra. El hombre africano no está anclado en ésta por su “pecado original” –este concepto es absolutamente extraño a su cosmovisión-; por el contrario, su razón de ser, como así también la de sus “orixás – padres”, es volver a unir el “Orun” con el “Aye”, es decir, el Cielo con la Tierra.

De acuerdo con el filósofo y estudioso africanista Jean Ziegler, la muerte sería para el africano una especie de creación al revés: el hombre ha sido creado por su orixá para vivir en la Tierra, cuando muere, su periplo terrestre ha terminado y el difunto debe regresar al Cielo, pero no entre las manos de su orixá creador, sino al lado de Oxalá, que es donde se reúne con su ser inmortal.

En el día de su partida, todos honran a Oxalá y no al orixá que al principio le dio vida al difunto. Sus deudos llevan el color blanco, que es el color de Oxalá.

Posesiones y sacrificios de animales

Pero la muerte siempre trae problemas a los vivos. Ahora el orixá del difunto ya no encontrará en quien encarnar, y al no encontrar a uno de sus “caballos” o “vehículos” puede descender en cualquier parte provocando posesiones demenciales y salvajes.

Es por eso que para evitar este tipo de situaciones tan caóticas, sea preciso sacrificar al animal específico del “orixá – padre” del difunto; así, el carnero es para Oggum, la paloma de guinea para Xangó, etc.

En la actualidad, uno de los aspectos más controvertidos de los cultos africanos es precisamente, el referido al ritual del sacrificio de animales. Se puede no estar de acuerdo con esta práctica, pero ello no debería llevar implícito la estigmatización, intolerancia y censura que a veces se hace de estas religiones y de las personas que la practican

En este punto, acuerdo totalmente con el antropólogo suizo Alfred Metraux, cuando en su obra sobre las religiones africanas en Haití, señalaba que el vudú ha sido para el esclavo un refugio y una forma de resistencia contra la opresión, y que al unir el sentimiento religioso con el artístico, ha aportado dignidad a existencias que de otro modo estarían abrumadas por la miseria y por el duro trabajo en los campos.

(Artículo publicado originalmente en suite101.net el 26 de junio de 2010)

Bibliografía consultada

Bastide, Roger. “El sueño, el trance y la locura”, editorial Amorrortu, Bs. As., Argentina, 1976.

Métraux, Alfred. “Vodú”, editorial Sur, Bs. As., Argentina, 1963.

Ziegler, Jean. “Los vivos y la muerte”, editorial Siglo XXI, México, 1976.

Comparte esto:
Sobre el autor
Omar Ferretti
  • Sígueme!
Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

2 Comentarios

deposgrado

2014-01-21 01:46:06 Responder

Estimados: Es posible que compartamos en nuestra web un post recomendando este sitio?
deposgrado http://deposgrado.com/

    Omar Ferretti

    2014-02-04 20:17:12 Responder

    Si, por supuesto, ningún problema.

Deja tu comentario

happy wheels