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Notas etnográficas sobre la cultura popular

Una anécdota etnográfica provoca una reflexión sobre la construcción de la cultura entre los sectores subalternos.

Considerando el malentendido que con frecuencia suelen generar las palabras, el escritor argentino Raúl Scalabrini Ortiz las definía como “juguetes peligrosos” y también como “estrafalarias cajitas llenas de sorpresas y traiciones”.

Si la materia prima con la que trabajamos son las palabras, no debería sorprendernos entonces la dificultad que existe para abordar la complejidad de “lo popular”. Esto se debe, en buena medida, a la misma polisemia de este concepto que se ha transformado en un significante flotante, al que cada cual le asigna arbitrariamente el significado que quiere.

Con una carga ideológica ineluctable, las definiciones acerca de “lo popular” han oscilado en el tiempo entre unas posturas que tienden a descalificarlo –todo lo que proviene del campo popular es inferior, grotesco amenazante y marginal-, a otras que tienden a idealizarlo; en este caso, se lo identificará con lo superior, lo auténtico y lo contestatario a la cultura dominante.

No es menos cierto que esta polisemia también puede hacerse extensiva al concepto de cultura; a veces entendida en un sentido elitista –asociada exclusivamente con las bellas artes y la literatura clásica-, y otras veces, en cambio, asumiendo un sentido más amplio que incluye todo el legado material y simbólico creado por el hombre y transmitido por herencia social.

La relación entre la cultura dominante y la cultura popular

Los interrogantes que giran en torno a la conflictiva vinculación entre cultura dominante o hegemónica y cultura popular o subalterna, pueden resumirse en los siguientes puntos:

  • ¿Qué criterios se pueden esgrimir para afirmar que se está frente a una expresión cultural popular?
  • Los rasgos que conforman a la cultura popular, ¿serán más o menos verdaderos de acuerdo a su origen?
  • Aquellos rasgos que provienen de la cultura dominante pero que han sido adoptados por los sectores subalternos, ¿deben entenderse como una expresión alienante que contamina la “pureza” o “esencia” de “lo popular”?
  • Las expresiones culturales del campo popular, ¿deben presentar un carácter de clase, y por lo tanto, ser contestatarias a la cultura dominante?

Una anécdota etnográfica sobre “lo popular”

Hace mucho tiempo, un antropólogo que realizaba una investigación sobre etnobotánica y medicina popular, relató a un grupo de colegas y entusiastas alumnos de la carrera, una anécdota que le había tocado presenciar en una de sus tantas “salidas al campo”.

Acodado sobre una de las mesas de un almacén de ramos generales situado en las barrancas del río Paraná y sorbiendo una copa de caña para sacarse el frío que le calaba los huesos, Roger (el antropólogo), casi en estado de arrobamiento, se entretenía mirando para afuera la densa bruma que esa mañana no le permitía divisar como otras veces, el contorno de las islas que están en frente.

El postrer ronroneo de un motor Evinrude que anunciaba la llegada de una embarcación, lo sacó del letargo. Al rato, de entre las brumas, Roger vislumbró la figura de un hombre que con paso cansino pero seguro, se dirigía al almacén. Lo reconoció en seguida. Se trataba de don Pedro, un típico habitante de las islas que se encuentran frente a la provincia de Santa Fe, a la altura de las ciudades de Rosario y Granadero Baigorria.

Don Pedro, de unos sesenta años y de condición muy humilde, había vivido toda su vida en los humedales del delta entrerriano. “A la fuerza y por costumbre” –como le gustaba decir a él-, junto a su padre y a su abuelo paterno, aprendió desde muy pequeño el rudo oficio de pescador. Residía con su esposa y tres de sus siete hijos, en la isla del Charigüé. Periódicamente, cruzaba cada quince días a tierra firme para abastecerse de algunas vituallas.

Pero además de ser un experimentado pescador, don Pedro desempeñaba en la comunidad otro rol: era el curandero de la zona, y como tal, gozaba de un gran prestigio entre los pobladores no sólo del delta entrerriano, sino también de tierra firme. Especialista en “yuyos”, poseía un conocimiento infuso y extraordinario de todas las propiedades terapéuticas de la flora presente en la región.

Don Pedro saludó ese día al entrar al almacén y conversó amablemente con algunos parroquianos. Se acercó al mostrador y luego de intercambiar unas palabras con el dueño, le pasó el pedido: azúcar, yerba, café, grasa, harina, fideos, y por último, ¡una caja de analgésicos y otra de un digestivo efervescente, ambos de reconocida marca mundial!

La anécdota dispara una reflexión sobre la cultura popular

¿Deberíamos interpretar el consumo de medicina alopática por parte de don Pedro, como una conducta no perteneciente al campo de “lo popular”?

¿Quién era don Pedro? ¿Un ex curandero e impostor, devenido –tal vez, sin proponérselo- en agente de los laboratorios multinacionales?

Una hipérbole irrisoria y nada más lejos de la verdad.

El origen –subalterno o hegemónico- de un rasgo cultural no define ni contamina la “esencia” o “pureza” de una cultura, por la sencilla razón de que no hay culturas que sean “puras”. En efecto, lo que tuvo un origen popular puede dejar de serlo con el tiempo, y los rasgos que nacieron bajo el cobijo de los sectores hegemónicos, pueden ser apropiados por los sectores subalternos.

Al abrevar en las fuentes más diversas, las culturas populares se definen –más que por oposición a la cultura hegemónica- por la manera de utilizar los productos impuestos por el orden dominante.

¿Era don Pedro un “híbrido cultural”? Puede ser.

Toda cultura debe ser entendida como un ensamblaje de elementos originales y de préstamos. Las culturas populares no están exentas de esta dinámica, ni son la excepción a dicha regla.

(Artículo publicado originalmente en la página canadiense suite101.net el 5 de julio de 2012)

Bibliografía y páginas consultadas

Cuché, Denys. “La noción de cultura en las ciencias sociales”, editorial Nueva Visión, colección Problemas claves, Bs. As., Argentina, 1999.

García Canclini, Néstor. “La globalización: ¿productora de culturas híbridas?, en: www.hist.puc.cl

Piña, Carlos David. “Lo popular: notas sobre la identidad cultural de las clases subalternas”, (mimeo), ponencia presentada en el Primer Simposio de Antropología Urbana, organizado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), 20 de junio de 1984, Bs. As., Argentina.

Scalabrini Ortiz, Raúl. “El hombre que está solo y espera”, editorial Plus Ultra, Bs. As., Argentina, 1990.

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

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