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Los grupos y su influencia en la vida del hombre

Además de brindarnos protección y de marcarnos con sus expectativas, los grupos nos proveen de una serie de roles y nos controlan con diferentes sanciones.

De acuerdo con el sociólogo Juan Carlos Agulla, el hombre se nos presenta como una naturaleza primaria abierta ya que necesita de la convivencia con otros hombres para realizarse.

Lo social del hombre siempre es el resultado de la vida de un hombre con otros hombres, de tal manera que estos lo forman y lo transforman. En otras palabras:  “somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”.

Hábitos y creencias, usos y costumbres, capacidades y conocimientos son adquiridos a lo largo de nuestras vidas, y lo que adquirimos, proviene, por supuesto, de los grupos en los que hemos nacido y dentro de los cuales vivimos.

Qué entendemos por grupo

Inicialmente, un grupo puede ser definido como un conjunto de personas. Ahora bien, como todo el mundo sabe casi de manera intuitiva, no cualquier conjunto de personas representa un grupo desde el punto de vista sociológico.

Entonces: ¿Cuáles son las características básicas que debe presentar un agregado de personas para ser considerado un grupo?

Inspirándonos en la definición de un clásico, como es la del sociólogo norteamericano Charles Cooley, podemos afirmar que un conjunto de personas para ser un grupo debe presentar al menos, estas cuatro características:

  • Interacción entre sus miembros
  • División de trabajo, roles y estatus, organizados de manera formal o informal
  • Consenso sobre normas, metas y valores
  • Sentimiento de identidad compartida

De esta manera un grupo puede ser definido como “un conjunto de individuos que se identifican unos a otros y que interactúan de modo formal o informal, basándose sobre normas, metas y valores que implícitamente comparten”.

Qué entendemos por roles y estatus en sociología

En el habla coloquial suele presentarse una confusión cuando nos referimos a los roles y estatus. Por eso es importante afinar el lápiz, como quien dice, y definir claramente qué entendemos por estos dos conceptos desde el punto de vista sociológico.

En primer lugar, cuando hablamos de estatus nos referimos a las posiciones que ocupan las personas en la estructura social.

Por el contrario, cuando hablamos de roles queremos indicar fundamentalmente, la conducta que se espera de las personas que ocupan esas posiciones.

Así, por ejemplo, esperamos que un jefe (estatus o posición) mande (rol o papel), que un padre sea cariñoso con sus hijos, que un maestro enseñe, y que un jugador de fútbol que tenga en la espalda el número nueve, meta goles a diestra y siniestra.

Para que no queden dudas: mientras que las posiciones se ocupan, los roles se desempeñan.

Clasificación de los grupos

Que no todos los grupos que integramos revisten para nosotros idéntica importancia, es un hecho que ha sido remarcado tanto por la sociología clásica como por la dinámica de grupos, y también, porque no decirlo, es una evidencia comprobada por nuestra experiencia cotidiana.

En base a esta, siempre ha existido un esfuerzo por parte de sociólogos y psicólogos sociales para realizar una tipología o clasificación de los grupos.

En este sentido, la clasificación más elemental de los grupos fue la establecida por Cooley entre grupos primarios y secundarios.

Grupos primarios y grupos secundarios

Cuando en sociología hablamos de grupos primarios, nos estamos refiriendo a los grupos con los cuales el individuo se halla muy vinculado afectivamente.

Los lazos que unen a sus integrantes son muy fuertes y la frecuencia de sus interacciones a lo largo del tiempo es intensa. Asimismo, la identificación de los miembros con el grupo es también importante. La familia, los amigos del club, la pandilla del barrio, suelen destacarse como ejemplos de grupos primarios.

Con características opuestas a los primarios, se encuentran los grupos secundarios. Los miembros de estos grupos mantienen débiles lazos de afecto y el sentimiento de identificación no es tan importante como en los grupos primarios.

Se dice que los grupos secundarios son formaciones efímeras, en el sentido de que concluida la finalidad para el que fueron formados, tienden a disgregarse. Grupos de trabajo, de autoayuda y de estudio, pueden servir de ejemplo para graficar a los grupos secundarios.

Grupos de referencia

Los grupos de referencia son aquellos grupos a los cuales no necesariamente pertenecemos, pero a los que dirigimos nuestra mirada para evaluar nuestra conducta y manera de ser.

Existen individuos que suelen aparentar pertenecer a un grupo que, en realidad, no pertenecen. En Argentina, existen un par de expresiones provenientes del lunfardo y que hacen alusión al individuo que vive esta situación. En efecto, tanto la expresión “tilingo” como la de “piyado” hacen alusión a la persona que “se cree más de lo que es”.

Desde el punto de vista sociológico, dicha persona estaría experimentando una disociación entre su grupo de pertenencia y el de referencia. Para el marxismo representaría un caso de “falsa conciencia”.

Grupos “in” y grupos “out”

En mayor o menor medida, todos los grupos establecen “fronteras” o “límites simbólicos”, esto es, mecanismos de exclusión para reconocer a los “nuestros” (“in”, “los de adentro”), de los “otros” (“out”, “los de afuera”).

La vestimenta, el lenguaje o hasta incluso la manera de gastar nuestros ingresos, puede ser una de las tantas formas para identificarnos, y al mismo tiempo, para diferenciarnos de otros grupos.

Grupos “ambiciosos”

Para concluir con esta breve clasificación, me gustaría hacer referencia a los denomiandos por Lewis Coser como grupos “ambiciosos”.

Estos serían los grupos que realizan a sus miembros demandas exclusivas de lealtad. Se pueden encontrar grupos “ambiciosos” en el campo religioso, en el político, y en general, en grupos extremadamente cerrados y con líderes autocráticos, carismáticos y muy poderosos.

En tales grupos, siempre domina la sensación que “los de adentro” son amigos, y “los de afuera” enemigos, y que, en consecuencia, “nadie es mejor que nosotros”.

(Artículo publicado originalmente en la página canadiense suite101.net el 10 de diembre de 2010).

Bibliografía consultada

AAVV. Manual de Sociología, editorial McGrawHill, México, 1998.

Jaureche, Arturo. “El medio pelo en la sociedad argentina”, Peña Lillo Editor, Biblioteca de Estudios Americanos, Argentina, 1992.

 

 

 

 

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

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