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Hare Krishna, mi dulce Señor

Alumbrados por la contracultura beat de los años ’60, los Hare Krishna supieron ganarse un espacio en el campo religioso occidental.

La “Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna” -tal es el título que le ha legado su fundador al grupo-, nace a mediados de 1960 en los Estados Unidos, cuando dicho país atravesaba por un período de plena ebullición religiosa, caracterizada por el sociólogo de las religiones Thomas Robbins como:

“…De fermento espiritual y esoterismo, apelación a valores alternativos, junto a una reivindicación de la naturaleza vs. la sociedad industrial, innovaciones conductuales, experimentación con drogas e introducción de elementos místicos orientales…” (cit. por Forni, F., 1993: 7).

Su líder y fundador, “Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada”, un bengalí que por ese entonces contaba setenta años emigró hacia el país del norte siguiendo las indicaciones de su maestro espiritual que, “apareciéndosele en sueños, le ordenó predicar la Ciencia de la Autorrealización en el Nuevo Mundo para salvar a los jóvenes americanos del hippismo y la droga”.

Los primeros meses del líder religioso en occidente

Como era de esperarse, los primeros meses no fueron fáciles para el “sabio anciano”, como gustaban en llamarle sus primeros discípulos. Para mantener incólume la estructura religiosa que había empezado a montar en occidente, debió librar una dura batalla en varios frentes.

En primer lugar, con la sub cultura de los “beatniks” que por ese entonces concurrían al precario templo ubicado en el Greenwich Village de Manhattan bajo los efectos del LSD y del “polvo de ángel”.

En segundo lugar, con los inspectores de la DEA (Drug Enforcement Administration), los cuales desconfiaban del lugar, al suponer que con la novedad de la psicodelia y de los estados modificados de la conciencia, se paseaban por allí los más variopintos personajes vinculados a la comercialización de estupefacientes.

Por último, con los movimientos “anticultos” que acusaban a Prabhupada y a sus adláteres de utilizar técnicas para controlar el pensamiento de jóvenes pasivos, los cuales caían inocentemente en las redes del nuevo culto, sin posibilidad de escaparse de él debido al “lavado de cerebro” al que se los sometía diariamente.

Las turbulentas aguas se aquietan

Pero el tiempo trajo cierta calma a aguas tan revueltas, sobre todo cuando uno de los poetas más reconocidos de la generación beat, Allen Gisnsberg, declaró a un reportero del New York Times, poco tiempo después de haber sido iniciado formalmente por Prabhupada:

“…Por fin encontramos el verdadero placer y éxtasis trascendental que antes intentábamos vanamente buscar por otros medios, el canto del mantra Hare Krisna ha tomado en nosotros el lugar del LSD y de las otras drogas…”

Con la calma llegó también la etapa de afianzamiento y crecimiento. Se abrieron nuevos templos, construidos obviamente con mucha más fastuosidad que el primero, se siguieron sumando a las filas del grupo famosos del ambiente artístico siendo el caso más citado la del ex beatle George Harrison, hasta que finalmente Prabhupada se instaló en un castillo en Toronto en donde pasó el resto de sus días que concluyeron en una fría mañana de invierno en 1977, cuando el movimiento religioso por él fundado, ya había logrado extenderse por casi todo el continente y por muchos países de la Europa occidental.

La adoración de Krishna en la India

En el panteón religioso hindú, Krishna es conocido como la octava reencarnación o “avatar” del dios Vishnu, el aspecto moderador o conservador de una Trinidad que se completa con Brahma, su aspecto creador, y Shiva, su aspecto destructor.

Prescindiendo de los budistas, musulmanes, cristianos, jainos y otros grupos religiosos menores que no han abrevado en las fuentes del Veda -que es la literatura hindú más importante y cuya antigüedad se remonta a unos 1500 años antes de Cristo-, la gran masa de fieles en la India se distribuyen en dos grandes grupos: los vishnuitas o vaishnavas, adoradores del dios Vishnu y los shivaitas o shaivas, adoradores del dios Shiva.

Tal vez porque Brahma, “el creador”, siempre estuvo identificado con el universo material -y por lo tanto con “maya” es decir, con la ilusión-, nunca se lo consideró digno de adoración.

Por regla general, se define a los shaivas como más “impersonales” que a los vaishnavas, ya que estos últimos ponen mucho énfasis en adoradar a los “avatares” o encarnaciones humanas que ha tenido la deidad a lo largo del tiempo, y que tienen como propósito regenerar a la humanidad y rescatarla del cieno materialista en el que se encuentran.

Los grupos vaishnavas -al contrario de los shaivas-, a menudo se llaman como sus fundadores, y como consecuencia de ello existe una tendencia constante a exaltar al fundador a una posición de autoridad divina, en la cual la adoración a la deidad se transforma ocasionalmente en importancia secundaria.

Prabhupada, un líder religioso vaishnava en occidente

Proveniente del grupo de los vaishnavas, Prabhupada trae a occidente las enseñanzas religiosas inspiradas en la doctrina del santo bengalí Chaitania (Sri Caitanya Mahaprabhu: 1484 – 1527), considerado por sus seguidores como la última encarnación personal de Krishna.

El medio aconsejado por Chaitania para alcanzar la liberación del “samsara” o ciclo de nacimientos y muertes eternas, fue la repetición salmodiada de los nombres de la deidad, que los devotos recitan utilizando un collar de ciento ocho cuentas:

“Hare Krishna, Hare Krishna / Krishna Krishna, Hare Hare / Hare Rama, Hare Rama / Rama Rama, Hare Hare”.

Vestidos con túnicas blancas o anaranjadas, sus fieles siempre fueron reconocidos en las calles de todas las ciudades del mundo, por cantar este “mantra” o “gran oración” acompañados con tambores y pequeños platillos de mano.

Las sagradas escrituras

Los Hare Krishna tienen dos textos fundamentales de estudio. Ellos son: el Bhagavad Gita y el Srmad Bhagavatam.

El primero forma parte de uno de los textos épicos más importantes de la India: el Mahabharata. De acuerdo con algunos estudiosos del hinduismo, esta epopeya parece haberse escrito a partir del siglo II antes de Cristo, y estiman que su proceso de redacción pudo llevar entre cuatro y cinco siglos.

La historia en su totalidad, cuenta las aventuras de la familia de los Pandava, cinco hermanos odiados por sus primos, contra los cuales reivindican su reino. Las intrigas palaciegas terminan en una cruenta batalla (Kuruksetra) en la cual perecen la mayor parte de los jefes. Los cinco hermanos y su común esposa, Draupadi, sobreviven pero desaparecen poco después arrebatados por una muerte sobrenatural.

El Bhagavad Gita es el capítulo del Mahabharata que trata sobre el discurso que antes de la gran batalla de Kuruksetra, el héroe Krishna, cochero del carro de Arjuna (uno de los cinco hermanos), sostiene con éste último para darle coraje e incitarlo a la lucha.

Por su parte, exégetas y otros estudiosos de la literatura sacra oriental, estiman que el Srmad Bhagavatam o Bhagavata Purana comenzó a escribirse en el primer siglo de la era cristiana y terminó de completarse en el siglo XII. Este libro es un tratado religioso que expone enseñanzas sobre el ritual, datos sobre fiestas, peregrinaciones y elementos de mitología.

Uno de sus capítulos relata el nacimiento y los pasatiempos del dios Krishna, quien para alegría de sus devotos aparece en la localidad de Vrindavan al norte de la India, adoptando la forma de un pícaro pastor adolescente.

La vida en comunidad exige sacrificios

El ingreso a la vida comunitaria les exige a los miembros una disciplina severa que incluye desde las interdicciones sexuales hasta aquellas referidas a la alimentación.

El “prasadam” (comida lacto – vegetariana que es ofrecida ritualmente a Krishna antes de ser consumida), tiene desde el punto de vista de los fieles una importancia vital para purificar sus existencias; el énfasis que ponen en esto, y los juicios negativos que expresan hacia otro tipo de comida -fundamentalmente de aquella hecha a base de carnes-, les ha costado el peyorativo mote de: “la secta de los vegetarianos”.

(Artículo publicado originalmente en suite101.net el 4 de mayo de 2010)

Bibliografía consultada

Ferretti, Omar. “No somos este cuerpo: una reflexión antropológica sobre los dilemas morales en una comunidad Hare Krishna de Rosario”, en: Apóstatas y Religiosos (Estudios antropológicos), compilador: Juan Mauricio Renold, editorial Laborde, Rosario, Argentina, febrero de 2015.

Forni, Floreal. “Nuevos movimientos religiosos (N.M.Rs.) en la Argentina”, en: N.M.Rs. y Ciencias Sociales, tomo II, CEAL (Centro Editor de América Latina), Biblioteca Los Fundamentos de las Ciencias del Hombre, número 90, Buenos Aires, Argentina, 1993.

Renou, Louis. “El hinduismo”, EUDEBA (Editorial Universitaria de Buenos Aires), Biblioteca Cultural, Colección Cuadernos, número 19, Argentina, 1973.

Yogi Ramacharaka. “Filosofía y religiones de la India”, Antonio Roch, Editor, Barcelona, España, sin fecha.

 

 

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

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