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Herbert Spencer, paladín del liberalismo en sociología

En pleno auge de expansionismo territorial europeo, el darwinismo social fue una doctrina que exaltó la lucha por la vida y la supervivencia del más apto.

Si todo orden social necesita “narrarse”, el darwinismo social fue entonces la “narración” que contó la burguesía dominante en la Europa decimonónica para justificar su voluntad de poder.

Hacia 1870  las potencias europeas atraviesan por una de sus peores crisis. Es que  la segunda revolución industrial viene despuntando y propicia un crecimiento desmesurado. Al existir más oferta que demanda, no hay mercado que pueda absorber tanta producción. Como era de esperararse,  este hecho va a generar una importante depresión económica: junto con el nivel de divisas de las principales potencias, decrece también la tasa de ganancias de las empresas.

En esta crisis del libre comercio, es natural que los países se defiendan elevando la tasa de impuestos a las importaciones. Por supuesto, los que más sufren las fluctuaciones y golpes económicos del mercado son los que para poder sobrevivir necesitan vender su fuerza de trabajo: oleadas de desocupados, menesterosos y desposeídos pululan perdidos, como sonámbulos por las calles de las grandes ciudades, en procura de un trabajo y de una suerte que les resulta siempre esquiva.

El expansionismo territorial como salida a la crisis

Para salir de esta crisis las grandes potencias industriales van a llevar adelante una estrategia: la expansión territorial. De este modo, e históricamente hablando, ingresamos en la denominada “era del imperialismo”. Bien mirado, este expansionismo territorial va a asumir dos formas: el colonialismo y –como una forma más sutil- la división internacional del trabajo.

En ambos casos, la estrategia era clara: encontrar nuevos mercados para drenar el excedente de producción, además de materia prima y mano de obra barata. Como consecuencia de dicha estrategia, el continente africano se convertirá en el botín de guerra de las principales potencias europeas.

En este contexto, va a hacer su aparición el pensamiento del sociólogo británico Herbert Spencer (1820 – 1903). Su doctrina, que sigue vigente en la actualidad con matices más aggiornados, se conoce con el nombre de “darwinismo social”.

La doctrina de Spencer traslada algunos postulados que el biólogo Charles Darwin había utilizado para explicar la evolución de las especies naturales, al terreno de las sociedades humanas, justificando de ese modo, el colonialismo, el imperialismo y la no intervención del Estado para equilibrar las fluctuaciones del mercado.

La influencia de Darwin sobre Spencer

En “El origen de las especies”, obra publicada en 1859, Darwin había partido de dos supuestos para explicar la evolución de las especies:

  • La lucha por la vida.
  • La selección natural, que en esa lucha actuaba favoreciendo a los individuos más aptos, los que luego sobrevivirían y procrearían.

Darwin se había inspirado en la obra “Ensayo sobre el principio de las poblaciones”, escrita por el economista inglés, padre de la demografía, Thomas Malthus. En esta obra, Malthus había sentenciado la siguiente correlación: mientras los alimentos crecen de manera aritmética (2, 4, 6, 8, 10, etc.); las poblaciones lo hacen de manera geométrica (2, 4, 8, 16, 32, etc.).

Por lo tanto, según el argumento de este economista, siempre existirá un desequilibrio entre el número de individuos y la cantidad de alimento que nunca podría bastar debido al crecimiento geométrico de las poblaciones.

Como consecuencia de este desequilibrio, las especies se ven en la obligación de “sacrificar” sistemáticamente a buena parte de sus componentes individuales para poder así, recomponer la homeostasis del sistema. En este sentido, las pestes y las guerras que devoran a muchas vidas inocentes serían, según la concepción maltusiana, males “menores”, necesarios para que las especies puedan seguir perpetuándose.

Como ya se ha dicho, Spencer traslada estos postulados al campo de las sociedades humanas. La consecuencia lógica de su postura fue que el Estado no debe intervenir con la intención de corregir las fluctuaciones y supuestas injusticias que trae la libre competencia.

El corolario de su doctrina fue tan cruel como determinante: una masa ingente y variopinta de excluidos, los no aptos para la dura competición en la lucha por la vida (pobres, orates, enfermos, desocupados, marginales,colonizados), deben quedar eliminados para que la especie humana evolucione siguiendo el curso inexorable que dictan “las sabias leyes de la naturaleza”.

Hoy en día en que la opulencia más indecente convive con la miseria más escandalosa, y  en donde el mundo parece estar dividido entre pocos “ganadores” y muchos “perdedores”, cobra sentido recordar las palabras del político indio Mahatma Gandhi: “Hay suficiente en el mundo para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer su codicia”.

(Artículo publicado originalmente en suite101.net el 3 de diciembre de 2010)

Bibliografía consultada

Darwin, Charles. “El origen de las especies”, editorial Antonio Fosatti (EDAF), de bolsillo, Madrid, España, 1980.

Martín, Enrique. “Malthus y el control de la natalidad”, editorial Acción (Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos), número 4, Bs. As., Argentina, s/f.

Mazettelle, Liliana y Sabarots, Horacio. “Poder, racismo y exclusión”, en: Antropología, compilación de Mirta Lischetti, Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), Bs. As., Argentina, 2010.

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

1 Comentarios

Elina Cricco

2014-06-12 23:31:12 Responder

Muy bueno ! para los alumnos de primer año de la carrera de historia y geografía de la materia Fundamentos de Antropología y Sociología, ISPN 4 Reconquista!

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