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El regreso al país de las sombras largas

Una breve reseña sobre la segunda parte de la novela que consagrara a Hans Ruesch como un escritor de merecida fama mundial.

El escritor Hans Ruesch regresa a las gélidas regiones del Ártico. Allí, en la cima del mundo, se desarrolla la historia que tiene como protagonistas a la pareja de esquimales Papik y Viví.

Escrita en la década del ’70 –es decir, veinte años después de que Ruesch se consagrara con “el país de las sombras largas”-, este “regreso” puede leerse de dos maneras: como una lograda descripción de los usos y costumbres del pueblo esquimal, y al mismo tiempo, como una denuncia contra la supuesta superioridad de la civilización mecánica e industrial llevada por el hombre blanco a los confines del mundo.

Sobre los usos y costumbres de los inuit

Cuando las tribus algonquinas que vivían en la Bahía de Hudson, tuvieron por primera vez contacto con los pueblos nómades que venían bajando desde el Ártico, no dudaron en darle el nombre de “esquimales”, es decir, “comedores de carne cruda”. Pero ellos se identificaban como “inuit”, que en su lengua significa “hombres”, y siempre se han considerado los únicos dignos de ser llamados así, con exclusión de todos los demás grupos.

Acerca de sus usos y costumbres, Ruesch describe el siguiente cuadro etnográfico:

“…Practican el infanticidio, la eutanasia, el suicidio, el incesto, la superstición, la poliandria y la comunidad de bienes, sin la exclusión de un ocasional homicidio o un acto de canibalismo (…) aman la vida sin temerle a la muerte. Ríen de todo, excepto por la muerte de un niño…”

El largo sueño invernal de Papik y Viví

Con sus setenta grados bajo cero llega el invierno a la cima del mundo, transformando al paisaje en un gran desierto de hielo. Para esta época del año, sus sombras se alargan más que nunca y durante cinco largos meses la noche en el Ártico se vuelve eterna.

En este ambiente casi surrealista –en donde los días se cuentan por el paso de las lunas-, la actividad humana se ve constreñida a reducirse al mínimo, ya que se deben cuidar las energías que se han acumulado durante la primavera y el verano, que es cuando la caza de grandes animales abunda. Obligados por estas circunstancias a permanecer dentro del iglú, Papik y Viví sobreviven a la larga noche igual que como lo hicieran sus antepasados: durmiendo.

La primavera llega a la cima del mundo

En un día cualquiera, la primavera se hace presente en el Ártico. Aún tibios, los primeros rayos de sol se filtran por las paredes de hielo del iglú como si fuesen filigranas de oro.

Los esposos se despiertan y se desnudan por completo. Felices y un tanto alborotados, se dirigen hacia fuera –naturalmente, como Dios los trajo al mundo- para saludar al Gran Espíritu del Sol. Esta bienvenida, según sus creencias, le va a asegurar a la pareja un año de abundancia.

El que se muestra más exaltado es el hombre. Al ver salir a su amo, los perros famélicos arman un alboroto bárbaro; por gusto o para mostrar su autoridad, Papik los tranquiliza aporreando a unos cuantos con un asta de caribú. Viví, en cambio, se muestra algo inquieta; es que durante su letargo invernal no ha tenido buenos sueños.

Los malos sueños de una mujer

Durante los cinco meses que duró el invierno polar, a Viví se le apareció en muchos de sus sueños, la niña recién nacida que debió dejar morir, abandonándola en una banquisa. Esta aparición fantasmal, es un mal augurio para una mujer que lleva siete meses de embarazo.

Debido a que en los hielos polares la vejez sobreviene precozmente, la principal ambición que tiene una familia inuit –además de la continua e inmediata de procurar alimento-, consiste en procrear lo más pronto posible un varón, es decir, un cazador más.

Pero si por un capricho de algunos de los cientos de espíritus que pueblan los hielos polares, la primera en nacer es una niña, entonces los padres deben sacrificarla para asegurar de ese modo la supervivencia del grupo.

Ahora se entiende el desasosiego de Viví. ¿Será otra niña la que lleva en sus entrañas? ¿Deberá en tal caso, dejarla morir como hizo con la primera? ¿Podrá la madre soportar tanta pena?

El nacimiento del futuro cazador

Al llegar las primeras contracciones, Viví se arrodilla dentro del iglú, haciendo un pozo en el piso, al que cubre con una piel de zorro. La posición adoptada por la madre, hace menos duro el trabajo de parto y facilita al mismo tiempo el alumbramiento.

En un postrer esfuerzo, la criatura llega al mundo deslizándose silenciosamente hacia el interior del pozo. Con un pujo menos doloroso, la madre expulsará la placenta que luego devorarán los perros. Ansiosa, Viví levanta y observa a la criatura, no tiene dudas: es un varón el que le ha nacido muerto.

El viaje de Papik y Viví a tierras meridionales

Desesperados, la pareja resuelve viajar con su trineo de perros semisalvajes y perennemente hambrientos, a tierras meridionales para visitar al viejo y sabio Siorakidsok.

Este chamán posee la capacidad para entrar en trance, emprendiendo largos viajes astrales que lo depositan en presencia del Gran Espíritu de la Luna, quien no sólo es su espíritu tutelar, sino también el encargado de elegir el sexo de las criaturas. Tal vez Siorakidsok, gracias a la ayuda de su espíritu amigo, haga posible el milagro de concebir un futuro cazador para los esposos Papik y Viví.

Extranjeros en su propia tierra

Las tierras árticas meridionales son para los inuit un lugar de transición, de ambigüedad y de peligro, ya que allí la única ley que cuenta es la del hombre blanco. En dichas tierras, se asientan las compañías pesqueras y los puestos comerciales.

Interceptados por la civilización, Papik y Viví se transformarán rápidamente en asalariados de las compañías extranjeras. Bajo esta condición, descubrirán el hastío –algo inédito dentro de su cultura-, y sufrirán en carne propia, la crueldad y la codicia del hombre blanco.

Pasarán sus días viviendo como forasteros en su propia tierra hasta que, hartos del hombre blanco y de sus incomprensibles leyes, decidan de que ya es tiempo de regresar nuevamente a la cima del mundo.

(Artículo publicado originalmente en suite101.net el 8 de marzo de 2013)

Bibliografía consultada

Ruesch, Hans. “El regreso al país de las sombras largas”, editorial Emecé, Colección Grandes Novelistas, Bs. As., Argentina, 1974.

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

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