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El desencantamiento del mundo moderno

Con la secularización, la fe religiosa iría perdiendo terreno en el mundo moderno ante el avance de la razón y el pensamiento científico.

El término secularización tuvo su génesis histórica a partir de la Paz de Westfalia en 1648, cuando los príncipes protestantes decidieron expropiar los dominios de la Iglesia Católica. El filósofo italiano Giacomo Marramao la define como “el proceso de reafirmación de una jurisdicción secular –laica y estatal- sobre amplios sectores de la vida pública, hasta entonces administrados por la Iglesia” (Marramao, G., 1998: 22).

Ya hacia finales del siglo XVIII, encontramos que este concepto había trasvasado ampliamente el ámbito del Derecho Público y Canónico, para transformarse gradualmente en un proyecto implicado e identificado con la modernidad.

El catecismo positivista

La sociología positivista de Augusto Comte y Claude Henry de Saint – Simon representó –ya en pleno siglo XIX-, un proyecto de secularización que intentó fundar una “nueva religión” basada en el pensamiento científico. En efecto, para los padres fundadores de la sociología, el conocimiento científico tenía que ocupar en la nueva sociedad el papel que la fe religiosa había ocupado en el Antiguo Régimen.

Así, por ejemplo, en su obra “El catecismo político de los industriales”, Saint – Simon afirmaba que la nueva sociedad que había alumbrado la Revolución Francesa junto a la revolución industrial, tenía que ser gobernada por una elite integrada por científicos y empresarios.

Pensaba que dicha elite aseguraría la unidad de la sociedad, perdida tras la destrucción del orden medieval, con “la ciencia ocupando el lugar de la religión, los técnicos el de los sacerdotes y los industriales el de los señores feudales” (cit. por Portantiero, J.C., 1986: 18).

La evolución del pensamiento humano

La suposición de que la creencia es sinónimo de ignorancia, es una de las huellas que ha dejado grabada en el imaginario colectivo de la sociedad moderna el positivismo de Augusto Comte.

De acuerdo con el filósofo español José Vicente Mestre, Comte consideraba que la humanidad progresaba siguiendo un proceso establecido en tres etapas:

  • En el estado teológico o mitológico, el hombre explica el mundo que le rodea a partir de causas sobrenaturales.
  • En el estado metafísico o filosófico, la humanidad pone en duda los principios sobrenaturales de la fase anterior, sustituyéndolos por principios de carácter más racional.
  • En el estado positivo o científico, la humanidad alcanza el progreso final a través de leyes científicas.

Siguiendo esta lógica positivista, cuando el pensamiento humano discurre teológica o metafísicamente, naufraga en las procelosas aguas de la superstición, la ilusión y la ignorancia o, en el mejor de los casos, en el terreno de una creencia más o menos respetable.

En cambio, al evolucionar hacia el estado positivo, el pensamiento humano alcanza su máxima expresión y complejidad, ingresando en el fértil suelo del conocimiento, en donde el saber puede ser comprobado empíricamente.

La razón instrumental y la ética puritana: su influencia en el capitalismo

Uno de los pensadores que percibió con mayor lucidez la relación entre modernidad y secularización fue el sociólogo alemán Max Weber. En su obra de 1905, titulada “la ética protestante y el espíritu del capitalismo”, se refiere, precisamente a la secularización o “desencantamiento del mundo”, iniciado por la reforma protestante o puritana de Juan Calvino en Ginebra en 1536, y producido por el avance de la razón, entendida por Weber como una actitud y aptitud proclives al cálculo y evaluación entre los medios disponibles y los fines deseados.

El objetivo que se propuso Weber en esta obra fue determinar la influencia de la ética puritana sobre la economía capitalista, a la cual la define como un sistema económico basado en unas empresas que buscan el lucro, utilizando el cálculo racional y compitiendo con otras empresas del mismo tipo en el mercado.

Para Weber, lo que distingue al capitalismo de otros momentos históricos –en donde, naturalmente, también existían empresas que buscaban obtener una ganancia-, es que a partir de la reforma protestante, esa búsqueda de beneficio se va a realizar de manera racional y sistemática.

Análisis de la ética puritana

Teniendo en cuenta este objetivo, Max Weber va a realizar un minucioso análisis del dogma puritano, en el que se destacan tres conceptos fundamentales:

  • La predestinación.
  • La fe salvadora.
  • El trabajo como profesión.

En el contexto de este cisma cristiano, el puritano abrumado por la angustia y la duda acerca de su salvación “ultramundana”, encuentra en una ética austera que propugna la práctica del deber en el trabajo y en el ahorro, un importante medio de defensa contra la inseguridad y la angustia que le produce la duda religiosa.

De acuerdo a la doctrina calvinista, las preocupaciones religiosas o “ultramundanas” quedarían relegadas a un muy segundo plano, puesto que ahora todas las energías se dirigen hacia lo “intramundano”, ya que el trabajo y la riqueza glorifican a Dios, y la prosperidad económica es una “señal” de que está de nuestro lado.

Por último, el éxito de la empresa capitalista estaría eficazmente orientado por la intervención de una “razón instrumental”, conducta ésta que evalúa y calcula los medios disponibles con los fines deseados para asegurar que las metas establecidas se realicen de manera rápida y al menor costo.

(Artículo publicado originalmente en suite101.net el 1ero de abril de 2010)

Bibliografía y páginas consultadas

Marramao, Giacomo. “Cielo y Tierra. Genealogía de la secularización”, editorial Paidós, colección Paidós Studio, número 120, Barcelona, España, 1998.

Mestre Chust, José Vicente. “El concepto de progreso”, en: www.suite101.net, sección historia y humanidades, 25 de marzo de 2010.

Portantiero, Juan Carlos. “La sociología clásica: Durkheim y Weber”, editorial Centro Editor de América Latina (CEAL), biblioteca Universidad abierta, número 4, Bs. As., Argentina, 1986.

Weber, Max. “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, editorial Gradifco, Biblioteca pensadores universales, Buenos Aires, Argentina, 2007.

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

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