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El debate antropológico entre universalismo y particularismo

“Tampoco nacería el niño, promesa del pòrvenir,

sino hubiese dos cuerpos que se prestaran al abrazo”

Roger Bastide

 

El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Como es de suponer, su discusión, redacción y posterior aprobación por parte de la Comisión de Estudios de la ONU no fue nada fácil.

En las deliberaciones previas al acuerdo, la “piedra en el zapato” la conformaban las posiciones relativistas asumidas por algunos miembros de esta Comisión. Así, al menos, lo hace saber Eleanor Roosevelt en sus memorias:

“…El Dr. Chang era un pluralista y decía que la Declaración debería reflejar ideas que no fuesen únicamente las occidentales (…) él sostenía, de manera encantadora, que existían múltiples realidades y proponía a los miembros de la Comisión que se dedicaran a estudiar los fundamentos del confucianismo…”

Sin lugar a dudas, en la redacción de este documento se habían enfrentado las posiciones universalistas y particularistas. Los primeros tratando de imponer valores básicos para toda la humanidad, tales como los derechos humanos, y los segundos defendiendo el derecho a la diferencia e identidad cultural.

La antropología y el clima intelectual de la época

En los años cuarenta del siglo XX, buena parte del clima intelectual de la época estaba dominado por el relativismo cultural de Boas y sus discípulos del Departamento de Antropología de la Universidad de Columbia.

No era de extrañarse entonces, que la mayoría de los intelectuales “liberales” o “progresistas” se alineara detrás de los principios básicos establecidos por uno de los discípulos de Boas, el antropólogo Melville Herskovits.

Principios básicos del relativismo o particularismo

Los principios básicos del relativismo de Herskovits, quedaron resumidos en tres puntos fundamentales:

  • Los valores son relativos a la cultura de la cual derivan, y sólo pueden ser comprendidos al interior de culturas concretas. Aquello que está sustentado como un derecho humano en una sociedad, puede ser considerado como antisocial en otra.
  • Como los individuos desarrollan su personalidad al interior de culturas particulares, el respeto por los derechos individuales, implica el respeto por las diferencias culturales.
  • El respeto hacia las diferencias culturales se encuentra avalado científicamente, ya que no se ha descubierto ninguna técnica o método científico que permita comparar a las diferentes culturas y determinar, en consecuencia, que algunas son mejores o superiores a otras.

La conclusión de los particularistas

La lógica conclusión que se derivaba de estos principios básicos, era que una Declaración Universal de los Derechos Humanos, no podría estar fundada en una sola cultura, puesto que esto invalidaría su pretensión de aplicabilidad a escala planetaria.

En otras palabras, si la Comisión de Estudios de la ONU al redactar el histórico documento, se había inspirado únicamente en los valores de la cultura occidental, ciertamente se arriesgaba a convertir esa Declaración Universal en el “etnocentrismo de la tribu blanca”.

Este relativismo cultural, comenta Beals, “provocó que el antropólogo particularista fuera tan temeroso del etnocentrismo y de la posible intolerancia, que, al menos en teoría, estaba preparado para tolerar cualquier violación a sus modelos culturales, llevadas a cabo por otras sociedades”. (cit. por Cardoso de Oliveira, R., 1993: 23).

La posición universalista y su crítica al relativismo

Indudablemente, cuando el particularismo es llevado hasta las últimas consecuencias, cae en atolladeros muy difíciles de sortear.

Así, por ejemplo, ¿se debe tolerar la conquista de una nación material y económicamente poderosa sobre otra más débil? ¿Debemos ser complacientes también con la discriminación, el racismo o la tortura, si tales actitudes y prácticas son favorecidas al interior de una cultura particular?

Debido a estos cuestionamientos, no todos los intelectuales de la época comulgaban con el relativismo cultural. Así lo denunciaba Julian Steward cuando el informe de Herskovits se hizo público: “…O bien toleramos todo, o bien luchamos contra la intolerancia y la conquista…”.

La polémica universalismo / particularismo en los ‘90

A partir de los ’90, se agudizó la tensión provocada por la posibilidad de defender y aplicar derechos humanos a escala planetaria en un mundo de diferencias culturales.

¿Aspiramos a vivir en un mundo culturalmente homogéneo, o estamos dispuestos a vivir en sociedades pluralistas que tolere niveles importantes de diferencia?

En este nuevo escenario mundial, los universalistas reforzaron su fórmula: se debe imponer valores comunes para todo el mundo porque después de todo, ¿qué es lo que intentan defender los relativistas cuando defienden el derecho a la diferencia? ¿ Acaso pretenden proteger el derecho que tiene la gente a equivocarse? ¿O el derecho de hacer mal las cosas?

Por su parte, los particularistas retrucaron: semejante universalismo resulta etnocentrista y condena al mundo a vivir en la más absoluta uniformidad.

Intentos por superar la dicotomía entre universalismo y particularismo

Sin caer en el universalismo etnocentrista, pero tampoco en las desmesuras de un relativismo exacerbado, el interculturalismo se propone superar el dilema entre universalismo y particularismo.

Esta visión defiende el derecho a la diferencia: “…Las culturas deben aprender las unas de las otras, y la orgullosa cultura occidental que se estableció como cultura enseñante debe también volverse una cultura que aprenda…” (Morin, E., 2002: 101).

Pero también insta a utilizar al interior de otras culturas, los mismos mecanismos críticos que usamos en nuestras sociedades para denunciar las injusticias que sufren algunas minorías en manos de las tradiciones dominantes: “…Es inaceptable que se admita algo como correcto o bueno porque de antemano ya fue dado por la costumbre, sin poder probarlo como correcto o bueno…” (Tugendhat, E., cit. por Cardoso de Oliveira, R., 1993: 25).

Finalmente, compartiendo también  esta misma línea de pensamiento, el antropólogo español Pedro Tomé nos advierte: “…El antropólogo no tiene por qué afirmar que todas las culturas son buenas, pero está en la obligación de someter a todas, incluida la propia, a la misma crítica negativa…”.

(Artículo publicado originalmente en suite101.net el 6 de octubre de 2011)

Bibliografía consultada

Cardoso de Oliveira, Roberto. “Etnicidad y las posibilidades de la ética planetaria”, en: ANTROPOLÓGICAS, revista de difusión del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, número 8, octubre de 1993.

Juliano, Dolores. “Universal / Particular, un falso dilema”, en: Globalización e identidad cultural, editorial Ciccus, Bs. As., Argentina 1997.

Morin, Edgar. “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”, editorial Nueva Visión, Bs. As., Argentina, 2002.

Sitios Web

Maquieira D’angelo, Virginia. “Mujeres, globalización y Derechos Humanos. Reflexiones desde la categoría de tensión”, en: www.issuu.com

Departamento de información pública de las Naciones Unidas (ONU). “Historia de la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”, en: www.un.org, 2012.

Una antropóloga en la luna. “El relativismo y el etnocentrismo: no todo vale”, 14 de septiembre de 2013, en: blogspot.com.ar

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

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