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El aporte de la sociología de Durkheim a la problemática del suicidio

Más allá de los motivos personales que llevan a la determinación de acabar con la propia vida, existen factores sociales que impulsan a tomar esta decisión.

Si algo tiene de meritorio la investigación de Emile Durkheim acerca del suicidio, es que para la época en que fue escrito (1897), se erigió en el primer estudio que indagó en las causas sociales que facilitan su escalada. En dicho trabajo, Durkheim suscribía a la idea de que si bien existe una predisposición psicológica al suicidio, la misma sólo puede operar en tanto que exista una fuerza social capaz de actualizarla.

En la introducción de la obra citada, Durkheim se preguntaba: ¿por qué tratar de explicar el suicidio en términos sociológicos? ¿No se trata acaso de un problema individual, cuyo campo de estudio debería ser abordado por la psicología?

En dicha época, esta última disciplina abordaba la problemática del suicidio, pero siempre haciendo hincapié en las causas personales –depresión, melancolía, “pulsión tanática”, etc.- que empujaban al individuo a la autodestrucción. A diferencia de este enfoque, en el trabajo de Durkheim el objeto de investigación lo constituye la tasa de suicidio.

La tasa de suicidio como hecho social

Durkheim define a la tasa de suicidio como: “el porcentaje entre la cifra de suicidios y la población de una determinada sociedad durante un período de tiempo determinado”. (cit. por Galtieri, M. y Peón, C., 1994: 16).

Así entendida, la tasa de suicidio constituye un hecho nuevo, superior a la suma de actos individuales. Se trata, en suma, de un hecho social y, como tal, objeto de estudio de la sociología. Es, por lo tanto, este hecho social –y no individual- el que Durkheim se propone investigar a través del análisis de las estadísticas oficiales.

Diferencias entre las sociedades modernas y las sociedades arcaicas

Como preámbulo para poder entender como se imponen las “corrientes suicidógenas” en algunos períodos de tiempo, es menester señalar las diferencias que separan a las sociedades modernas de las antiguas o arcaicas.

En las sociedades modernas, industrializadas, urbanizadas y notablemente imbuidas por los ideales de progreso y cambio, la “conciencia colectiva”, es decir, el conjunto de creencias y sentimientos comunes que explican el orden social incluyendo sus desigualdades, se encuentra debilitada.

La razón de este enervamiento se debe a que estas sociedades son extremadamente individualistas. Al estar fuertemente diversificadas en gremios profesionales, clases sociales y otros grupos de interés, existe un margen muy amplio de interpretación de los valores. En este contexto donde predomina el pluralismo, los valores se cuestionan y relativizan, y todos los marcos de referencia parecen estar condenados a la competencia entre ellos, sin llegar ninguno a imponerse de manera absoluta.

La consecuencia de esto, es que si bien la realidad es una sola, la percepción que tenemos de ella es múltiple y contradictoria. Por el contrario, en las sociedades arcaicas al estar notablemente menos diversificadas, la conciencia colectiva posee mayor fuerza ya que los individuos perciben la realidad de manera similar y poseen sentimientos comunes acerca de ella.

¿Qué decían los datos oficiales acerca del suicidio?

Para empezar, Durkheim descubre que en las sociedades modernas, el suicidio varía en razón inversa al grado de integración de los individuos a los grupos sociales.

Vale decir que, cuanto menor es el vínculo de los individuos a los grupos, mayor es el incremento que experimenta la tasa de suicidios en la sociedad moderna. Al entrecruzar algunas variables –como ser: cantidad de suicidios, sexo, afiliación a organizaciones religiosas y estado civil-, Durkheim concluyó que los solteros se suicidaban en mayor proporción que los casados, y que estos últimos con hijos se suicidaban menos frecuentemente que todos.

También llegó a comprobar que los cristianos protestantes se suicidaban en mayor proporción que los católicos, y que estos últimos lo hacían con mayor frecuencia que los judíos.

El suicidio anómico y egoísta en las sociedades modernas

Anomia y egoísmo tienen en común que el individuo no está suficientemente integrado a la sociedad. El egoísta sería aquel tipo de suicidio motivado por un aislamiento grande del individuo con respecto a la sociedad. Es el suicidio de los marginados, los solitarios y los misántropos; es decir, los que no tienen fuertes lazos de solidaridad social.

El suicidio por anomia –ausencia de normas-, sucede cuando la norma social no tiene el peso suficiente o está debilitada como para orientar y dar sentido a la vida del individuo. Según Durkheim, este tipo de suicidio encarnaría en aquellas personas que no han podido aceptar los límites que la sociedad impone, es decir, aquellos individuos que aspiran a más de lo que pueden y caen, por lo tanto, en la desesperación.

El suicidio altruista en el ejército

El suicidio altruista se encuentra en las antípodas del egoísta. Para Durkheim, este tipo de suicidio existe en estado crónico en el orden militar.

El soldado que es capaz de autoinmolarse para salvar la vida del grupo del cual forma parte, es un claro ejemplo de altruismo.

El suicidio fatalista en las sociedades arcaicas

El denominado por Durkheim como suicidio fatalista se encuentra en las antípodas del suicidio por anomia y se presenta en las sociedades arcaicas. En estas, el peso de la tradición es tan opresivo que el individuo no puede liberarse de él. En este tipo de sociedades la sujeción intensa y poderosa que recrea el individuo con la norma social, tiene frecuentemente consecuencias desafortunadas para su destino. Así, las viudas hindúes que tenían la costumbre de ofrendarse al fuego para acompañar el cadáver de su marido, constituye un claro ejemplo de suicidio fatalista.

En otras palabras, si el hombre se mata cuando está desligado de la sociedad –suicidio anómico y suicidio egoísta-, también lo hace cuando está fuertemente ligado a ella, como sucede con el suicidio altruista y el suicidio fatalista.

(Artículo publicado originalmente en suite101.net el 18 de febrero de 2011)

Bibliografía consultada

Durkheim, Emile. “El suicidio. Estudio de sociología”, Centro Editor de América Latina (CEAL), colección los fundamentos de las ciencias del hombre, números 128, 129, 130 y 131, Bs. As., Argentina, 1994.

Galtieri, María y Peón, César. “Releyendo a Durkheim. Estudio preliminar al Suicidio”, en: El suicidio. Estudio de sociología, Centro Editor de América Latina (CEAL), colección los fundamentos de las ciencias del hombre, número 128, tomo I, Bs. As., Argentina, 1994.

Portantiero, Juan Carlos. “La sociología clásica: Durkheim y Weber”, Centro Editor de América Latina (CEAL), colección universidad abierta, número 4, Bs. As., Argentina, 1986.

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

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