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Diario de un viajero del tiempo: el primer año común durante la apertura democrática en Argentina

“La vida está llena de espejismos,

y la cabeza no siempre ayuda”

Orfeo Pecci

 

Las elecciones presidenciales en octubre de 1983, dieron el puntapié inicial para que los argentinos comencemos a transitar el camino de la democracia. Luego de siete años de dictadura militar, se vislumbraba en el horizonte la presencia de saludables vientos de cambio que no tardarían en llegar, imprimiendo con su sello la totalidad de la vida política nacional.

Puntualmente, y como era de esperarse, esta apertura democrática facilitó en nuestra Facultad (Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario) la reformulación de sus planes de estudio, lo cual incluía la creación de un primer año común (PAC) para las carreras de Historia, Letras, Psicología, Filosofía, Antropología y Ciencias de la Educación.

El PAC estaba conformado por cinco materias de extensión anual: Problemática Histórica, Análisis de Texto, Problemática Psicológica, Problemática del Saber y Problemática Antropológica. Con un objetivo claramente propedeútico, el nuevo plan de estudios buscaba articular en un saber integrado y coherente una serie de conocimientos que, de otro modo, corrían el riesgo de quedar aislados en compartimentos estancos.

Esta modalidad se extendió, aproximadamente, durante 20 años. En los albores del siglo XXI, las diferentes carreras de nuestra Facultad -a esa altura, ya sin Psicología- decidieron modificar sus planes de estudio. En el nuevo contexto, las materias que formaban parte del PAC siguieron figurando -aunque de manera residual y fragmentaria- en la remozada currícula académica del nuevo milenio.

Hilvanando recuerdos

Ingresé a la Facultad de Humanidades y Artes en 1985, un año después de la implementación del PAC. Mi trabajo en una librería de usados me obligaba a cursar todas las materias de noche. En este turno, las comisiones eran numerosas y estaban integradas mayoritariamente por gente más grande que quienes cursaban en las comisiones de la mañana o de la tarde.

Al principio, me inquietaba un poco no entender todo lo que leía, pero una vez alguien me tranquilizó diciéndome que ningún texto es enteramente transparente para nadie, salvo para su autor. De esta lección, aprendí, como quien dice, a “no meterme en camisas de once varas”, y a no hablar de cosas que no entiendo en un examen.

Por otro lado, en mi época de estudiante secundario, la Antropología era una materia totalmente ignorada, y como tal, no figuraba en los planes de estudio de las escuelas. No quiero abrumar al lector enumerando aquí los motivos por los cuales yo detestaba la escuela secundaria. Simplemente diré que nunca me sentí a gusto con ella, y que mi experiencia por sus claustros fue del todo frustrante.

Por eso, al ingresar al PAC, a pesar de no contar con una idea muy clara de lo que podía hacer un antropólogo en una ciudad como Rosario, nunca dudé en inscribirme en Antropología; intuí en ese momento -con una fantasía irresponsable que aún hoy me asombra- que si esta disciplina había logrado, de algún modo, “sortear” ese obstáculo insufrible que resultó ser para mí el colegio secundario, sus contenidos entonces debían ser muy buenos.

Los “nuevos saberes” del PAC

Gracias al Primer Año Común descubrí que los “nuevos saberes” que la Facultad enseñaba eran, en verdad, conocimientos “viejos”, y no porque no sirvieran, sino porque habían permanecido durante un largo tiempo silenciados por el discurso unitario y formal de la cultura oficial.

Con la apertura democrática, estos “saberes sujetos” parecían querer despertarse y sorprendernos. La cátedra de Problemática Histórica nos recibió, por ejemplo, con un texto en el que su autor -el dramaturgo alemán Bertolt Brecht- cuestionaba el arraigo de cierta concepción historiográfica, que posaba su mirada en los “grandes hombres” o héroes individuales como protagonistas exclusivos de la historia.

Este texto, “Preguntas de un obrero ante un libro”, nos ayudó finalmente a comprender que la historia -como su alter ego, la política- la hacemos entre todos, y que los héroes, cuando existen, son siempre “héroes colectivos”.

El aporte de la Problemática Antropológica al PAC

En clara connivencia con la expansión territorial llevadas adelante por las potencias europeas durante la segunda fase de la revolución industrial, la Antropología instalará la pregunta acerca del porqué de la diversidad de culturas. De acuerdo con el antropólogo Claudio Vizia, dicho interés inspirará no solamente los trabajos pioneros de los primeros etnógrafos, sino también los estudios actuales sobre grupos diferenciados en lo social, cultural y territorial.

A todas las sociedades, de todas las épocas y rincones del mundo, siempre les ha costado concebir la idea de la unidad de la humanidad en la diversidad cultural. Dicha incapacidad ocurre porque el etnocentrismo se hace presente cada vez que dos sociedades extrañas se encuentran y pretenden reflexionar una acerca de la otra.

Este prejuicio supone una visión de las cosas según la cual, el propio grupo se considera el centro del mundo y todos los demás son evaluados en referencia a él. Vinculado al orgullo por la propia cultura y al sentido de pertenencia, el etnocentrismo parece adoptar diferentes formas según las sociedades.

A este respecto, el antropólogo Levi- Strauss comenta que la mayoría de los pueblos denominados “primitivos” consideran que la humanidad termina siempre en sus fronteras étnicas y lingüísticas. Por esa razón es que se consideran a sí mismos con un nombre de etnia que significa “los verdaderos hombres”, en oposición a los extraños que son designados con términos descalificadores, tales como: “estiércol de pájaro”, “huevos de piojo”, “ratas furiosas”, “comedores de carne cruda”, “mendigos”, y otras denominaciones por el estilo.

Por otra parte, las llamadas sociedades “históricas”, tampoco han sido demasiado benévolas a la hora de definir al “otro cultural”. Así, por ejemplo, el mundo grecorromano antiguo calificaba de “bárbaros” a todos aquellos que no participaban de su forma de vida, y la Europa expansionista del siglo XIX, designaba como “salvajes” o “bárbaros” -según el grado de evolución- a todos aquellos que no pertenecieran a la civilización occidental y cristiana.

Si bien es una tendencia universal a la que ningún grupo escapa, hay actitudes etnocentristas que son inofensivas y otras que no. Cuando hace unos años, el arquero Andoni Zubizarreta del Atlético de Bilbao, en su comparecencia ante los medios, declaró con no disimulado orgullo que su equipo era el único club “antiglobalización” de la liga de fútbol europea, estaba expresándose en términos, si se me permite la expresión, “bellamente” etnocéntricos y nacionalistas.

Sin embargo, hoy en día, que el desempleo se ha hecho crónico, surgen en el mundo partidos políticos de ultra derecha y grupos neo nazis, cuyas principales víctimas propiciatorias siguen siendo los que siempre han cargado sobre sus espaldas con la culpa de todo: inmigrantes, refugiados, pobres, desocupados, pueblos nómadas, etc.

En un contexto global en donde las desigualdades se profundizan al mismo tiempo que los lazos sociales se debilitan, no tenemos que olvidar que el etnocentrismo va a nutrir con su impronta a la xenofobia y al racismo más irracional, hasta el punto de quitarle al “otro” su calidad de ser humano.

 

 

 

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

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