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Devoción al “gauchito de los milagros” en la ciudad de Rosario

En el corazón de barrio Godoy, se erige el Centro Cultural Chamamecero Gauchito Gil. Un lugar de encuentro entre la religiosidad y la fiesta popular.

En la década de los ’90, la devoción por la figura de Antonio Mamerto Gil Nuñez comienza a ganar las rutas del país y desde allí penetra en las grandes ciudades, convirtiéndose en el santo pagano más popular.

Una prueba de la expansión de su culto, es el santuario ubicado en la calle Rivarola en su intersección con la Circunvalación, pleno corazón de barrio Godoy, en la zona oeste de Rosario. Por lejos, el mayor santuario que hay en esta ciudad dedicado al Gauchito Gil.

El anterior calificativo no se debe exclusivamente al considerable tamaño del templo -un salón de ladrillos rojos de 200 metros cuadrados-, sino más bien a los cientos de fieles que se congregan principalmente los fines de semana para pedir o agradecer al Gauchito por un milagro, y de paso festejarlo y homenajearlo como a él más le gusta: a puro chamamé y sapucai.

Nostalgia de terruño y devoción por el gauchito correntino

La autora de este emprendimiento -que al unir el sentimiento religioso con el artístico y el festivo posee múltiples facetas-, se llama Patricia. Vale recordar, para que su emprendimiento pudiera concretarse contó con la inestimable e incondicional ayuda de su vecina y amiga Delia.

Patricia llega a Rosario muy joven proveniente del Chaco, en los primeros años de la década del ’90. De niña había conocido la historia de Antonio Gil Nuñez por boca de su abuela, y de a poco fue tomándole cariño a ese gaucho que se alzaba contra las injusticias y atropellos de los poderosos.

Los primeros años en Rosario no fueron fáciles para la joven, como no lo es para ningún inmigrante del interior que viene a vivir a una gran ciudad, llena de oportunidades pero también de peligros. Lejos de su terruño y de sus seres más queridos, el respeto y el cariño que sentía desde chica por ese gauchito correntino, que según cuenta la leyenda, “murió degollado por no querer derramar sangre de hermanos en la guerra contra el Paraguay”, se agigantaron hasta transformarse en verdadera devoción.

De Mercedes, la tierra del Gauchito, a barrio Godoy

En una charla que mantuvimos hace dos años atrás, Patricia me contaba los detalles de su proyecto original:

“…Todas las cosas que le pedía al Gauchito me las fue cumpliendo: trabajo, salud, una casita en la que pudiera vivir feliz y armar una linda familia (…) con el tiempo me di cuenta que eran tantos los milagros que me parecía poco prenderle una vela a una estampita con su imagen, entonces se me ocurrió que para agradecerle tenía que viajar hasta Mercedes, en la provincia de Corrientes, en donde se encuentra la capilla principal y comprar allí una imagen de yeso del Gauchito que sea importante…”

Luego de su visita a la”patria del Gauchito”, Patricia erigió en el patio de su casa junto a un árbol -la tradición oral dice que el verdugo que degolló al Gauchito lo colgó de un algarrobo de los pies, boca abajo para no mirarle a los ojos- una ermita y colocó en ella la compra adquirida en Mercedes: una imagen de yeso del Gauchito Gil de un metro de altura.

Un rosario colgado al cuello del santo, a un costado una imagen de San La Muerte -el payé o amuleto que, según dicen, el Gauchito llevaba incrustado debajo de su piel y que lo hacía inmune a las balas de sus enemigos-, más una velas rojas -el color típico que identifica al Gauchito y a sus fieles- y una cantidad de cintas también del mismo color atadas al árbol y al tejido de alambre que rodeaba el terreno de su casa, concluían por engalanar el santuario original.

La religiosidad popular a pleno en barrio Godoy

A poco de haberse instalado la capilla, Patricia comprobó que no estaba sola en su devoción por el “gauchito de los milagros”, como se titula la cumbia que el músico Antonio Ríos le compuso a este santo popular.

Algunos automovilistas aparcaban su coche y pedían permiso a Patricia para entrar -el colorido santuario daba a la calle, de modo que su vista era insoslayable para cualquiera que transitara por Avenida Rivarola-, y dejar allí sus exvotos.

Por supuesto que además de los transeúntes ocasionales, los que se acercaban en gran número a conocer el santuario eran los mismos vecinos del lugar. La masiva afluencia de la gente del barrio para venerar a un santo que no es reconocido como tal por la Iglesia, no es fruto de la casualidad.

En efecto, la población de barrio Godoy fue aumentando en las últimas dos décadas, debido a las sucesivas oleadas de inmigrantes provenientes de las empobrecidas economías del interior; es por eso que muchos de sus pobladores provienen del mismo horizonte cultural y comparten además de las desdichas que alcanzan a todos los humanos, las que resultan de la exclusión social.

Sobre la mala prensa que tiene el Gauchito

Si hay algo que a Patricia le disgusta, es el estigma que pesa sobre el Gauchito y sus fieles devotos:

“…Me molesta cuando dicen que el Gauchito es el santo de los ladrones, porque él, en realidad murió como Jesús, él  fue un Cristo (…) entiendo que los ladrones se hagan tatuajes con la figura del Gauchito, pero también se hacen tatuajes de la Virgen, y solamente lo hacen por protección, no porque sean verdaderos creyentes, lo que sucede es que desde la televisión aprovechan para decir del Gauchito cualquier cosa porque saben que no es un santo de la Iglesia…”

Religiosidad y fiesta popular para colmar el espíritu

Gracias al santuario y Centro Cultural Chamamecero Gauchito Gil, los fines de semana barrio Godoy se viste de rojo. Renace entonces entre sus pobladores la esperanza y junto con ella la fiesta popular. El rito siempre es el mismo: empanada con vino o gaseosa para regocijo de cuerpo y alma; música y baile para homenajear al santo y expulsar hasta el próximo encuentro a todos los demonios.

(Artículo publicado originalmente en suite101.net el 18 de mayo de 2012)

Bibliografía y páginas consultadas

Lojo, María Rosa. “Cuerpos resplandecientes, santos populares argentinos”, editorial Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, 2007.

Saidon, Gabriela. “Santos ruteros, de la Difunta Correa al Gauchito Gil”, editorial Tusquets, colección andanzas, Buenos Aires, Argentina, 2011.

Zecca, Daniel. “El milagroso Gauchito Gil tuvo su festejo en Rosario”, en: www.elciudadanoweb.com, 8 de enero de 2010.

 

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

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