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Crónicas marcianas, “la tercera expedición”

Bradbury sugiere en este relato una idea de lo más perturbadora: si Dios existe, o bien nunca supo de nosotros, o tal vez no le importe demasiado.

A más de un año de la llegada del hombre a Marte, se ha cortado abruptamente la comunicación con la Tierra y no hay novedades con respecto a la suerte que han corrido los tripulantes de las dos primeras expediciones.

A esta altura del relato, el único en tener una certeza es el lector: los dos hombres de la primera expedición (febrero de 1999), fueron fulminados en el acto mientras bajaban de la nave espacial, por una poderosa arma marciana capaz de desintegrar la materia en menos tiempo que tarda un flash fotográfico en dispararse.

Mientras que los cuatro tripulantes de la segunda expedición (agosto de 1999), padecen primero el escarnio de ser recluidos en un manicomio marciano, y luego el infortunio de ser masacrados por el psiquiatra del hospital, que cree ver en ellos complejas y elaboradas alucinaciones materializadas por los enfermos mentales.

El tercer intento por colonizar Marte

El tercer cohete al mando del capitán Black, parte de Ohio con destino al planeta rojo en el mes de abril del año 2000. Sus tripulantes deberán atravesar noventa millones de kilómetros de gases y polvo cósmico, antes de su llegada al destino fijado.

Pero no es la vastedad de semejante periplo, lo que inquieta a los diecisiete peregrinos de la nave espacial. Lo que realmente los mantiene en vilo es otra cosa. ¿Con qué cuadro de situación se encontrarán al llegar a Marte? ¿Cómo será la bienvenida? ¿Qué habrá pasado con los tripulantes de las dos expediciones anteriores?

Por las dudas, el cohete va armado hasta los dientes con proyectiles de última generación, de un poder destructivo hasta ese momento nunca visto en la tierra. ¿Servirán para contrarrestar un posible ataque de las fuerzas marcianas?

La primera señal de vida en Marte

Finalmente, la tercera expedición “aterriza” con éxito en una de las tantas ignotas colinas rocosas del planeta rojo. Con ansiedad, sus tripulantes se acercan al ojo de buey del cohete, oteando con sus prismáticos, a uno y otro lado el paisaje marciano. A unos pocos kilómetros, divisan un bucólico y apacible pueblo, no muy diferente de los que se encuentran por doquier en la Tierra.

Sus callecitas se ven limpias y se nota un cuidado especial en su trazado; sus casas, de un blanco refulgente son grandes, de dos plantas, con porche al frente y techo a dos aguas; se encuentran rodeadas de amplios parques con ligustros, flores multicolores y árboles de las más variadas especies. Sin embargo, los peregrinos no divisan en ningún momento la presencia de sus moradores.

El capitán Black, junto al navegante Lustig y al arqueólogo Hinkston, deciden salir de la nave para explorar el misterioso pueblo marciano. El capitán ordena al resto de los tripulantes guarecerse en el interior del cohete y esperar allí hasta nuevo aviso por radio.

A poco de haberse adentrado en el pueblo, los tres peregrinos oyen una melodía pegadiza que sale de una de las casas. Se trata de una canción popular que había hecho furor en los Estados Unidos en la época de los “años locos”; su título: “Hermoso Ohio”.

Asombrados, comienzan a prestar atención a otros detalles del pueblo: el tipo de casas, las especies de árboles y de flores plantadas, el trazado y nombre de las calles. Todo esto evoca al pueblo de Green Bluff en Illinois; a no ser por una excepción, ésta réplica marciana es un pueblo detenido en el tiempo, un Green Bluff de setenta u ochenta años atrás.

Las hipótesis de los peregrinos del espacio

Una serie de explicaciones rondan por las cabezas de los tres peregrinos, que tratan de ordenar lo que parece la fantasía inquietante de un dios caprichoso o alucinado.

¿Acaso el cohete que los ha transportado a la velocidad de la luz, ha ingresado a una cuarta dimensión viajando a través del tiempo?

¿Es posible que los anteriores expedicionarios para no sucumbir a la nostalgia ni a la soledad, hayan sido los artífices de este pueblo?

¿No habrán existido con anterioridad a 1999 viajes espaciales secretos a Marte, siendo dichos contingentes los creadores de este Green Bluff marciano?

El encuentro entre terrícolas y marcianos

De pronto, al capitán Black comienza a llamarle la atención una casa, todo lo que ve en ella le resulta extrañamente familiar; desde el jardín que la rodea, hasta el sillón hamaca que está en el porche. A punto de estallar en lágrimas, se pregunta si esa no es la misma casa en la que vivió durante su niñez junto a sus padres y su hermano Edward, los tres fallecidos hace más de cincuenta años en un accidente.

De a poco, el misterio de este pueblo marciano se tornará aún más denso: el capitán Black será el primero en encontrarse y fundirse en un abrazo interminable con sus padres y su hermano Edward. El resto de los tripulantes se encontrarán a su vez con sus seres más queridos y entrañables, todos muertos hace tiempo en la Tierra, pero continuando como si nada con sus vidas en Marte.

Uno de los peregrinos pregunta: “-¿pero cómo es que han venido a parar aquí?” Alguien le responde: “-nadie preguntó que hacíamos en la Tierra. ¿Por qué habríamos de hacernos esta pregunta cuando aparecimos en Marte?”.

Los visitantes son despedidos con honores

Los tripulantes vivirán horas de ensueño, evocando junto a sus seres más queridos los viejos buenos tiempos, bailando con sus madres y abuelas, comiendo los manjares de antaño, escanciando sus copas una y otra vez, jugando a los mismos juegos de la niñez, llorando de felicidad, y todo esto gracias a la sabiduría y misericordia de nuestro buen Dios que es infinita.

Sin lugar a dudas, fueron para ellos las horas más felices de sus vidas, pero claro, también las últimas. Al día siguiente, serán enterrados en el cementerio del pueblo con honores, tiros de salva y fanfarria incluida.

(Artículo publicado en la página canadiense suite101.net el 30 de julio de 2012)

Bibliografía consultada

Bradbury, Ray. “Abril de 2000, la tercera expedición”, en: Crónicas marcianas, editorial Minotauro, Bs. As., Argentina, 1995.

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

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