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Antropología, la ciencia del “otro cultural”

En clara connivencia con el colonialismo europeo, la antropología social instala la pregunta acerca del porqué de la diversidad de culturas.

La antropología social iniciará su recorrido como disciplina científica casi al mismo tiempo que su pariente más cercana, la sociología. Pero, a diferencia de esta última que había tomado como objeto de estudio a las sociedades europeas, modernas e industrializadas; la antropología social focalizará su interés en los pueblos no europeos.

Contexto histórico y surgimiento de la disciplina

Corre el año 1870 y las potencias europeas se encuentran sumergidas en una crisis profunda. Es que la segunda revolución industrial viene despuntando y propicia un crecimiento desmesurado.

Al existir más oferta que demanda, no hay mercado que pueda absorber tanta producción. Como es de suponer, este hecho va a generar una importante depresión económica: junto con el nivel de divisas de las principales potencias, decrece también la tasa de ganancia de las empresas. En esta crisis del libre comercio, es natural que los países se defiendan elevando la tasa de impuestos a las importaciones.

Para salir de esta crisis los países más industrializados establecieron una estrategia: la expansión territorial. De este modo, e históricamente hablando, ingresamos en la denominada “era del imperialismo”.

Bien mirado, este expansionismo territorial va a asumir dos formas: el colonialismo y, como una forma más sutil, la división internacional del trabajo. En ambos casos, la estrategia es clara: encontrar nuevos mercados para drenar el excedente de producción, además de materia prima y mano de obra barata. En dicho contexto histórico, el continente africano se convertirá en el botín de guerra de las principales potencias europeas.

A partir de este connubio con las políticas expansionistas de la época, es cómo la antropología se va a convertir en la ciencia encargada de estudiar y describir a los pueblos ágrafos, de economías simples o “atrasadas”, antes de que sean cambiadas por la civilización industrial.

Mientras tanto, la burguesía dominante en la Europa decimonónica tomará esta fundación como un límite clasificatorio que servirá para separar claramente a la sociología (la ciencia que tiene como objeto de estudio a “nuestras sociedades”), de la antropología social (la ciencia encargada de estudiar a los “otros culturales”).

El evolucionismo cultural, primer paradigma de la antropología social

Esta primera corriente del pensamiento antropológico, se propuso como objetivo científico utilizar el método comparativo para poder reconstruir la evolución de la cultura o civilización humana.

Tomando fundamentalmente como criterio de comparación y valoración, el grado de complejidad tecnológica y económica alcanzada por los diferentes pueblos, los antropólogos más representativos de esta corriente, comenzaron a medir la evolución de las sociedades humanas ubicando a Europa en la etapa culminante de ese proceso.

En este contexto de ideas, los “otros culturales” van a ser caracterizados como “primitivos” o “salvajes” en una escala de progreso unilineal en donde el punto de llegada era, naturalmente, la civilización industrial, occidental y cristiana.

El evolucionismo cultural y su postura respecto de la diversidad de culturas

Partiendo del principio de la esencial unidad del pensamiento humano (“unidad psíquica del hombre”), los evolucionistas sostenían que el camino era igual para todos los pueblos (salvajismo, barbarie y civilización, según el esquema de Lewis Morgan), variando sólo la velocidad de la marcha. Por supuesto, el que llegaba más rápido era, por lógica, el más inteligente, el superior.

Para este paradigma antropológico, no existía la posibilidad de que los pueblos evolucionen de manera autónoma. La existencia de culturas diferentes será considerada un producto del atraso cultural o de sociedades que todavía no han sido alcanzadas por la civilización y el progreso.

En este sentido, vale aclarar que el evolucionismo siempre marcó una diferencia entre pueblos “dadores” de cultura (Europa) y pueblos “receptores” de cultura (el resto del mundo todavía no civilizado). Así, la Europa industrializada se erigía arrogante y etnocentrista como una “cultura enseñante” que no necesitaba aprender de las otras.

A este respecto, comenta la antropóloga argentina Mirta Lischetti: “…Esta idea refleja el pensamiento de la clase burguesa europea, dueña del mundo, con las lógicas consecuencias para los pueblos no europeos. La idea de progreso tal como se plasmó en el siglo XIX, podría decirse que representa la ilusión de que el progreso de una cultura y una clase social representa el progreso de la humanidad entera…” (cit. por Tacca, M., 2010: 99 – 100).

Principales exponentes del evolucionismo cultural y sus obras

  • Lewis Morgan (1818 – 1881). “La sociedad antigua” (1881).
  • Edward Tylor (1832 – 1917). “La civilización primitiva” (1871).
  • James Frazer (1854 – 1917). “La rama dorada” (1920).
  • Lubbock, John (1834 – 1913). “El origen de la civilización y la condición primitiva del hombre” (1870).

(Artículo publicado originalmente en suite 101.net el 16 de febrero de 2011)

Bibliografía consultada

Bidney, David. “El concepto de valor en la antropología”, en: Antropología, conceptos y valores, textos compilados por Alfred Kroeber, editorial Libros Básicos, Biblioteca Problemas del hombre, Bs. As., Argentina, 1965.

Colombres, Adolfo. “La hora del bárbaro, bases para una antropología social de apoyo”, editorial Premiá, colección cultura popular, número 4, México, 1984.

Lischetti, Mirta. “La antropología como disciplina científica”, en: Antropología, textos compilados por la autora, editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), Bs. As., Argentina, 2010.

Mateo, Fernando. “Los orígenes de la antropología”, editorial Centro Editor de América Latina (CEAL), colección Los fundamentos de las ciencias del hombre, número 1, Bs. As., Argentina, 1991.

Morin, Edgar. “Enseñar la comprensión”, en: Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, editorial Nueva Visión, Bs. As., Argentina, 2002.

Tacca, M. “El siglo XIX, orden y progreso”, en: Antropología, textos compilados por Mirta Lischetti, editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), Bs. As., Argentina, 2010.

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Sobre el autor
Omar Ferretti
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Omar Ferretti nació en 1962 en el barrio Azcuénaga de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina. A los 12 años ingresó a trabajar en la mítica librería de viejo -también peña de ajedrez- de los hermanos Ariel y Apolo Fernández. Como su paso por la escuela secundaria no le fue nada grato, al terminar ese vía crucis decidió inscribirse sin tanto preámbulo en la carrera de antropología, disciplina que consideraba con más méritos que a otras, por el solo hecho de que no figuraba como materia en los planes de estudio de la enseñanza media. Los artículos reunidos en este sitio son deudores de esa fantasía irresponsable, y también, por que no, de su precoz experiencia como vendedor de libros de segunda mano. Como antropólogo, actualmente ejerce la docencia en la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, y en el PROUAPAM (Programa de Universidad Abierta para Adultos Mayores), ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario.

1 Comentarios

roberto

2016-09-06 20:09:54 Responder

gracias me sirvio mucho su articulo

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